Juegos para desarrollar su creatividad

Los recuerdos de mi infancia están llenos de días en el campo, de montar cabañas entre las piedras y jugar a papás y mamás con mis primas, o a indios y vaqueros con mi hermano y sus amigos; de manualidades con mi tía Pachi (la tía “Chachi”, como la llamábamos, porque siempre tenía, y tiene, algún plan divertido entre manos para entretenernos horas y horas); de aprender a coser, o a tejer, ¡o incluso papiroflexia!, con mi abuela; de irme a la cama pronto para poder leerme uno de los libros de Los Cinco, Puck o Torres de Malory que habían sido de mi madre y sus hermanos y que me encantaba descubrir en la librería de casa de mi abuela, y de que me dieran las 3 y las 4 de la mañana hasta terminarlo…

Recuerdos que no están para nada relacionados con la tecnología, y mira que me gusta todo lo tecnológico; recuerdos que me encantaría que mis hijos tuvieran el día de mañana. Por eso, siempre que busco juegos o actividades para hacer con mis hijos, me voy irremediablemente hacia todo lo que tenga que ver con la creatividad, con potenciar las distintas habilidades que demuestran mis hijos, con brindarles la oportunidad de romper con su día a día y de distraerse haciendo aquello que más les gusta a los niños: dar rienda suelta a la imaginación y ver “qué sale” de ello. Vivimos en un mundo ya de por sí muy digital, por eso me parece tan fundamental darles la oportunidad de disfrutar sin pantallas de por medio, de que se ensucien, de que jueguen al aire libre y de que, por qué no, se aburran también.

Por eso, también, cuando desde El Corte Inglés nos propusieron colaborar con su línea de juguetes dirigida a potenciar precisamente la creatividad de los niños, no lo dudé ni un momento. Es el tipo de juguetes que me gustan; juguetes que no son juguetes, sino oportunidades.

Desconectar para reconectar

desconectar para reconectar

Llevo tanto tiempo diciendo que sí, que me da tiempo, que quiero retomar el blog porque es algo que me encanta y que pienso hacerlo, y sin cumplir conmigo misma, que hoy he decidido sentarme de una vez por todas delante del ordenador y reconocer, en cierto modo, que no puedo hacerlo. Y me da una rabia horrible porque odio, con toda mi alma, llevar la coletilla de “no me da la vida” siempre en la punta de la lengua.

Mi familia y amigos, que me conocen bien, saben que no soy de quejarme, que odio decirle a nadie que me da o no me da tiempo a hacer las cosas porque todos tenemos las mismas limitaciones de tiempo y cada cual se las apaña como puede: siempre he pensado que tener o no trabajo y tener o no familia, o más o menos hijos, no son excusa para que te dé o no tiempo a hacer las cosas, y lo sigo manteniendo; sencillamente, hay momentos en la vida en que por mucho que quieras no llegas a todo, y no pasa nada por reconocerlo. 

Ya os dije que 2017 y yo no habíamos empezado con buen pie, pero también os dije que pensaba disfrutar de este año cayera quien cayera y lo mantengo. Y yo disfruto, y mucho, escribiendo en Sonambulistas, así que no os preocupéis que con este post no estoy diciendo que no vaya a aparecer, ¡ni mucho menos!, simplemente os cuento que aunque este primer trimestre ha sido un poco montaña rusa yo estoy como mi hija en la foto: del revés pero sin perder la alegría. Y sí, quizá me cueste un poco más encontrar el momento de sentarme delante del ordenador, editar fotos y traeros nuevas ideas, recursos y proyectos, pero no dudéis que lo encontraré, que tampoco voy a dejar a la pobre Mar cargar con todo el peso de Sonambulistas, jejeje.

Sencillamente, no quiero que Sonambulistas se convierta en un carga porque, como decimos muchas veces en los cursos de Blogging de Hello! Creatividad, si te sientas medio obligado delante del ordenador a escribir un post lo mejor es tomarse un tiempo, parar, desconectar, e intentar retomarlo más adelante pero con ganas y energías renovadas. Y eso es precisamente lo que estoy haciendo yo: me he parado, me estoy quitando de la cabeza ese constante “tengo que publicar en el blog” y estoy disfrutando, por el camino, de mi marido, de los niños, de nuestras familias, de la casa nueva y de prepararlo todo para la llegada de Icíar, mientras recopilo ideas, fotos e historias que contaros muy pronto por aquí.

mi mundo al reves

Stay tuned, que en breve estoy de vuelta 😉

-María

Sorteo H!C: Traveltivity

El año pasado decidimos instaurar en Hello! Creatividad un súper sorteo anual para celebrar por todo lo alto el día de la creatividad, ¡y este año esperábamos como agua de mayo que llegara la fecha de poder anunciarlo a los cuatro vientos! Adictas como somos a viajar, que además es cuando más propensos somos todos a dejar vía libre a nuestra creatividad, a soñar despiertos, a crear y dejar de lado las preocupaciones y deberes del día a día… ¿qué mejor que hacer que el sorteo de este año girara en torno a los viajes?

Así fue como surgió TRAVELtivity: un único ganador se llevaría 8 magníficos premios valorados en 4.000€, ¿en serio no vas a probar suerte?

Por si acaso aún estáis dudando si participar o no, yo os cuento en qué consisten esos premios y luego ya decidís vosotros qué hacer… 😉

// El sistema de equipaje, con Bugaboo Boxer //

No, qué va, en Hello! Creatividad no nos valía con una maleta cualquiera… queríamos LA maleta: el nuevo sistema de equipaje de Bugaboo, su Bugaboo Boxer, una nueva forma de entender el concepto de los equipajes.

Módulos interconectables que se acoplan unos con otros para crear el sistema que necesitas en cada momento y que además es fácil de maniobrar, ligero, y pensado como sólo Bugaboo sabe hacerlo: con la comodidad y facilidad de uso de quien “empuja” el sistema siempre en mente.

El ganador se llevará el full equip con chasis, módulo de cabina y módulo de viaje, en color negro, valorado en 1.260€.

Como veis, empezamos fuerte 🙂

// El alojamiento, con Home Away //

Cierra los ojos e imagina dónde te vas a escapar. ¿Lo tienes? ¿Y la casa en la que te vas a alojar? ¿Cómo es? Si no lo tienes aún muy claro, date una vuelta por la web de Home Away que seguro que encuentras no uno ni dos, sino cientos de destinos y sitios en los que te gustaría quedarte, ¿o no?

El ganador se llevará un voucher valorado en 500€ para que elijáis la casa que más os guste.

De ruta por El Rastro de Madrid

Tenía que haber escrito el viernes pasado este post sobre la ruta de tiendas que no te puedes perder en El Rastro de Madrid, pero he tenido que rendirme a la evidencia de mi mudanza y al final se me ha echado el tiempo encima. Eso sí: ¡por fin puedo decir que nos hemos mudado, y que estamos de lo más instalados! Que sí, que nos faltan cosas aquí y allá, que voy a la busca y captura de una mesa de comedor redonda (¿alguien me chiva dónde encontrar LA mesa?), por fin voy a cambiar los sofás de IKEA que tan buena labor me han hecho estos años con niños pequeños de por medio por unos sofás más definitivos y menos de guerra, que la casa nueva no tiene demasiados puntos de luz en el techo y, por tanto, voy buscando más lámparas de pie y menos de colgar… Pero oye, ¡por fin empieza a parecer un “hogar” y eso ya es muchísimo!

Tal y como os adelanté por Instagram, el jueves pasado me fui a dar una vuelta por El Rastro a ver si encontraba mi mesa de comedor, súper bien acompañada por Icíar Basagoiti, decoradora de interiores, y desde entonces quería contaros cuál fue nuestra ruta de tiendas que sé que el 2017 es el año de las mudanzas 😉

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En la calle Arganzuela, 18, es el paraíso del mobiliario vintage. Entrar en su tienda, que desde fuera parece un enorme garaje, es como meterte de lleno en las fotos de cuando mis padres eran pequeños. Pequeños tesoros de mediados de siglo, principalmente europeos.

Os dejo aquí su web para que os hagáis una idea, aunque lo mejor es ir y ver in situ.

Rutina coreana: cómo cuidarse bien la piel

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¿Sabéis esas amigas del cole a las que no veis con la constancia que os gustaría pero que, cuando por fin se alían los astros y conseguís veros, el rato pasa como si no hubieran pasado los años y, de hecho, se os hace demasiado corto? Mi grupo de amigas del colegio es así: me encantaría que nos viéramos más, pero la vida nos ha llevado por distintos caminos y en el día a día es difícil que nos veamos (para empezar porque no todas vivimos en la misma ciudad), pero cuando conseguimos vernos lo disfruto tanto que me vuelvo a casa con la sonrisa clavada y ganas de repetir pronto. Este verano, por fin, mi amiga Sofía y yo conseguimos organizar una tarde de piscina con los niños; me encantó ver cómo congeniaron enseguida sus hijos y los míos, pese a la diferencia de edades, y comprobar que habían pasado los años para el resto del mundo pero no para nosotras 😉

Entre los muchos temas de los que hablamos, que una es cotorra por naturaleza y con la edad estoy viendo que se me acentúa, no sé cómo llegamos a la buena cara que tenía ella y a lo desastre que era yo con eso de la limpieza de la piel (jamás le he prestado especial atención, igual que jamás me he maquillado más que para ir a fiestas y celebraciones especiales); y entonces me habló de la (por lo visto famosa) rutina coreana. Y a mí, que soy un cero a la izquierda para estas cosas y que nunca me habían interesado demasiado, aunque soy consciente de la importancia que tiene hacerlo, y hacerlo bien, me picó el gusanillo. Y le pedí que porfa-porfa-porfa me contara de qué iba y qué tenía que hacer para conseguir meterlo en mi rutina. Y ella, que vive en Seúl desde hace tiempo y es un auténtico sol, me lo explicó tan bien que me parecía una pena no compartirlo con el resto. Y, aunque me va a matar porque dice que ella no sabe escribir y que mejor lo cuente yo con mis propias palabras, yo creo que exagera y que vais a preferir “leerla” a ella 😉 Así que os dejo con mi amiga Sofía, y la rutina coreana:

Los últimos años se ha hablado muchísimo de la rutina coreana y la mayoría de las veces (en occidente) se cree o se dice que las coreanas tienen tan buena piel sobre todo por la genética; y claro que tiene que ver, pero ni mucho menos es el factor mas importante. Lo que les hace estar así de estupendas son principalmente 3 cosas: constancia, protección solar, y el conocimiento que tienen.

1. CONSTANCIA

Las coreanas aprenden desde muy pequeñitas que lo más importante es la limpieza de la piel. No hay ni un sólo día en que no se laven la cara (a conciencia) por la mañana y por la noche. Sin excusas, ¡siempre! 

Para que veáis un ejemplo de lo minuciosas que son con esto: si entras en el cuarto de baño que hay en la salita de espera antes embarcar en un vuelo de una compañía aérea coreana (donde la mayoría son pasajeros coreanos) verás a todas las mujeres, A TODAS, desmaquillándose la cara en profundidad antes de subir al avión. Constancia.

Historia de una mudanza

historia de una mudanza

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Tal y como os adelantaba en el primer post del 2017, hemos empezado un año de grandes cambios y uno de ellos es que dejamos esta casita que tanto nos gusta y en la que tan buenos recuerdos hemos creado para irnos a otra en la que no dudo que estaremos también fenomenal, aunque ahora mismo se me está haciendo un poco cuesta arriba y sólo pienso en la penita que me da dejar atrás esta en la que tan bien hemos estado y en la que me habría gustado quedarme muchos años más. Pero Alfonso y yo hace tiempo que tomamos la decisión de vivir de alquiler, algo que nos brindaba la oportunidad de cambiar de casa a medida que las circunstancias lo requerían y, aunque nuestra elección tiene muchas ventajas, también tiene un gran inconveniente y es que dependes del propietario; en nuestro caso, que querían vender la casa (¡afortunado quien la compre!).

El caso es que, con esta nueva mudanza, se cumple totalmente mi mal de cada embarazo: niño nuevo, casa nueva. Y os aseguro que no es porque quiera jajaja. El único embarazo en el que no tuve que mudarme fue con la mayor, pues aún cabíamos en nuestro pisito de recién casados; embarazada de Ana vimos claramente que no había manera de que cupiéramos, así que nos mudamos con mi tripa de 7 meses; con Bosco estuvimos tentados de quedarnos donde estábamos pero entonces, en pleno “síndrome de nido”, descubrimos “la” casa y, con un tripón de 8 meses y pese al terror de mi madre por que se adelantara, volvimos a mudarnos. Esta vez juro que ni síndrome de nido ni nada… de hecho, me reía con mi marido porque le decía que era la primera vez que nos íbamos a quedar donde estábamos, y estaba feliz. ¡JA! Aquí estoy de nuevo, con una tripa considerable y planeando nueva mudanza. ¡Pero tan felices! Cansada, sí. Con pocas ganas del momento “mudanza” y “redecora toda una casa” que en cualquier otro momento tanto me habría gustado, sí. Pero ilusionada con el cambio, eso seguro; ya os dije que el 2017 no podría con nosotros y pensaba disfrutar todo lo que nos deparara.

Así que, por si a alguno puede venirle bien mi experiencia con mudanzas, me he animado a escribir este post y contaros lo que he aprendido entre unas y otras:

3 ideas para tardes de lluvia

tardes de lluvia

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Yo confieso… que las tardes de lluvia me encantan aunque terminemos todos (ligeramente) desquiciados de estar encerrados en casa. Pero la idea de llegar del colegio un día lluvioso, calados hasta los huesos después de haberse metido en todos y cada uno de los charcos (sobre todo una que yo me sé), animarles a que se duchen y pongan los pijamas, y quedarnos ya calentitos en casa viendo llover y haciendo planes de lo más caseros, me gusta, y mucho.

Claro que los días de lluvia tienen una cara B y es que los niños, al menos los míos, no queman tanta energía como me gustaría y necesitan sacarla por algún lado, así que intento entretenerlos con alguna actividad porque si no tengo todas las papeletas para terminar regañando más de la cuenta y deseando que llegue la hora de irse a la cama 😉 Y de ahí este post: os dejo aquí tres de nuestros infalibles estas tardes de lluvia que estamos teniendo y las que vienen:

Manualidades: Mr Plinton

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Galletas de plátano y chocolate

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Si vuestros hijos son como los míos, que ven que el plátano se pone un poquito marrón y ya empiezan a protestar (con lo que me gustan a mí así, que están más dulcecitos), esta receta es para vosotros. No soporto tirar comida, y los plátanos son de esas frutas que, o no duran ni dos minutos en mi casa, o no hay manera de que se la tomen y se reblandecen enseguida; así que el otro día, harta de ver que iban a empezar a protestar, decidí hacer una receta de aprovechamiento: galletas de plátano y pepitas de chocolate. Rápida de hacer, muy sencilla (yo la hice con Bosco de pinche y pudo colaborar en todo el proceso, cosa que les encanta), ¡y riquísima!

Ingredientes

  • Media taza de mantequilla
  • 1 taza de azúcar
  • 1 huevo
  • 1 ó 2 plátanos maduros (depende del tamaño)
  • 1 cucharadita de levadura
  • 2 tazas de harina
  • 1 pizca de sal
  • Media cucharadita de nuez moscada
  • Media cucharadita de canela
  • 1 taza de chocolate (con nueces también está que te mueres)

Querido 2017, ya sólo puedes mejorar

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foto Bea Gaspar

Querido 2017, tú y yo no hemos empezado con demasiado buen pie: Mary Poppins cogió su maleta y su paraguas y decidió que ya estábamos preparados para volar solos, aunque yo no lo tengo tan claro como ella; Bamba se fue de Picos Pardos el 1 de enero y hasta el 9 no apareció de vuelta (cuando Alfonso y yo ya habíamos perdido la esperancita de encontrarla y retrasábamos el momento de decirle a los niños, sobre todo a Anita, que no sabíamos dónde estaba ni si volvería); probablemente nos toque cambiar de casa, y no quiero porque me encanta la casa donde estoy y tenía toda la intención de no volver a mudarme en muchos años…

Pero te digo una cosa: nosotros somos más fuertes, y no vas a poder con nuestra ilusión 🙂 

Bamba apareció (gracias, gracias y gracias a una chica genial de Roa que la encontró y consiguió cogerla). Los niños me están ayudando muchísimo y estamos disfrutando de las tardes juntos como hacía tiempo. Y seguro que encontramos una casa que me encante aún más y en la que seguir almacenando buenos recuerdos.

Así que te digo una cosa, 2017: este año pienso disfrutarlo, y disfrutarlo mucho.

Pienso disfrutar de Blanca y sus payasadas, y de esa semiadolescencia que parece que ahora llega a los 7-8 años. Disfrutar de Ana y sus ideas de bombero, su risa contagiosa y esa alegría (descontrolada) que transmite siempre. Disfrutar de Bosco y esa maravillosa etapa de descubrimiento y volverle a uno loca que son los 2-3 años. Disfrutar de esta nueva oportunidad de experimentar el milagro de la vida, aunque me queje (de vicio) porque los años, y sobre todo los otros tres embarazos, me pesen. Disfrutar del nuevo pitufillo (“lenteja” de momento, que ha salido cabezota y aún no se ha dejado ver claramente así que seguimos sin saber qué es). Disfrutar de mi marido, que no hay nada que me guste más. Disfrutar de mi familia y de los eventazos del año (dos bodas en tres meses, ¡ahí es nada!). Disfrutar, y dar gracias, por la suerte que tenemos de estar juntos, y tener salud, que al fin y al cabo es lo verdaderamente importante.

Así que 2017: ¡ya sólo puedes mejorar!

Desmitificando el Síndrome de Down

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Recuerdo perfectamente el día que conocí a Alicia. Bueno, miento, conocerla la conocí el día de mi boda; es prima de Alfonso, y se me acercaron ella, sus hermanas y otra prima, con un “¡Hola! ¡Somos tus primas!”, aunque ¿quién recuerda perfectamente las caras de quien conoce el mismo día de su boda? 😛

La conocí, de verdad, embarazada de Anita, que ya sabíamos todos que tendría Síndrome de Down, y esperando a que nos dijeran que la operación de corazón de su madre había sido un éxito, con una sonrisa de oreja a oreja, moviéndose con su tripón de un lado a otro (todo el que la conozca sabe que Alicia no para quieta) y hablando con todos como si estuviera en su casa y no en la salita de espera de un hospital. De ahí nos fuimos a tomar una cerveza para celebrar que todo había salido bien. Y yo, que no la conocía más que de aquello, salí de allí con una sonrisa y diciéndole a mi marido que ojalá, ojalá, ojalá llegáramos a ser como Alicia y Diego.

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Más tarde, por coincidencias del destino, mis hijas terminaron yendo al mismo colegio que las suyas, así que nos veíamos todas las mañanas dejándoles y nos tomamos muchos, muchísimos, cafés juntas de los que nos levantábamos a regañadientes y porque en la cafetería del colegio empezaba ya a no quedar un alma. Con ella me he reído como nunca, hemos hablado de la mar y los peces, de la educación de nuestros hijos y de chismes varios y sin importancia. Y de otro montón de cosas que sí que eran importantes. Como dicen mi marido, he pasado a ver a Alicia, a su madre y a su hermana mucho más de lo que les veía él. Y es que el colegio une mucho, ¿o no? 😉

Si hoy os hablo de ella es porque, como parte de esa serie de posts que os dije a raíz de las convulsiones de Bosco que quería ir escribiendo poco a poco, quería contaros la historia de Diego, Alicia y Ana. De cómo se enteraron de que Ana tendría Síndrome de Down y cómo se enfrentaron a ello. Del miedo que se apoderó de ellos, claro que sí, como de todos cuando a cualquiera de nuestros hijos le pasa algo, pero de lo muchísimo que les ayudó saber rodearse de las personas adecuadas, y de la alegría y normalidad, sobre todo normalidad, que se respira en su casa. Una casa de locos, como cualquier casa con cinco hijos, que disfruta de la vida como disfrutamos todos y que pelea con uñas y dientes por #changingthefaceofbeauty: cambiar la percepción que tiene el resto de la sociedad de los niños con Síndrome de Down y demostrar al mundo que con una buena educación pueden desarrollar al máximo su potencial para que ellos mismos sean quienes puedan demostrar todo lo que son capaces de hacer. Y como no hay mejor forma de contar las cosas que haciéndolo en primera persona, os dejo con Alicia: